CONTAMINANTES QUÍMICOS, LA AMENAZA INVISIBLE

Iñaki Reyero

En mi opinión, llevamos demasiado tiempo ya enfrascados en discusiones estériles que poco o nada van a aportar a medio y largo plazo a la conservación de nuestros ecosistemas fluviales.

Cada cual, tiende a obcecarse en posturas cortoplacistas y subjetivas, defendiéndolas con agresividad y vehemencia sin detenerse a analizar con una perspectiva más amplia la complejidad del problema.

Si en un amanecer en la orilla del río observamos a un cormorán capturar una trucha, para nosotros es sencillo correlacionarlo con un perjuicio directo para el río y para nuestros intereses. Pero si desde el mismo lugar contemplamos como fluyen tranquilas las aparentemente cristalinas aguas, nos será casi imposible deducir que quizás ese río se encuentre gravemente enfermo.

Reaccionamos a estímulos simples y directos, si hay pocos peces en los ríos… repoblamos y si vemos muchos cormoranes…. los cazamos. Me temo sin embargo, que hay factores de declive de las poblaciones salmonícolas relacionadas con el deterioro del hábitat fluvial, que si fuésemos capaces de revertirlos, podríamos obtener beneficios a una escala muy superior de la que imaginamos.

En el caso concreto del salmón atlántico, el factor que mejor refleja las diferencias en el estatus de conservación de la especie en los diferentes lugares de su área de distribución es la productividad del río. Para entender su importancia, aunque parezca obvio, hay que decir que se ha demostrado que existe una relación directa entre el reclutamiento anual de juveniles de un río y el retorno de adultos en años posteriores.

Por desgracia para nosotros la productividad de un río cantábrico es 4 o 5 veces menor que la de un río irlandés, galés o ruso. Esta diferencia tan abismal no esta tan directamente relacionada con el número de adultos que desovan en un tramo de río, como con la supervivencia de huevos, alevines y juveniles en cada hábitat fluvial, por decirlo de alguna manera, con la capacidad del río para dar sustento a una amplia comunidad de peces.

Hay cada vez más biólogos que están sugiriendo que la etapa temprana de vida en el río de un salmón puede tener tanta influencia o incluso más en el declive de la especie, como la de su posterior estancia en el mar.

La capacidad de carga de un hábitat fluvial en relación al salmón está directamente influenciada por las condiciones climáticas, la competencia con otras especies y la calidad del hábitat de cría (flujo de agua, profundidad, tipo de sustrato y calidad de agua principalmente).

Nuestros ríos se encuentran en el límite sur de distribución, y aquí los factores de declive son mucho más acusados y peligrosos que en él norte. El cambio climático influye en el aumento de la temperatura del agua, y en la reducción del oxígeno disuelto…. todos estos son parámetros que se ha demostrado que reducen la tasa de eclosión de huevos fecundados y su evolución posterior.

Pequeñas concentraciones de determinados productos químicos influyen en la supervivencia y en el desarrollo de los juveniles de salmón, en sus capacidades para afrontar su migración marina y su etapa adulta.

Pero es que, además, dichos contaminantes químicos influyen de forma decisiva, no menor, en las estructuras poblacionales de macroinvertebrados de un río, de los cuales se alimentan preferentemente los jóvenes salmónidos.

Plecopteros, efemeróperos o tricópteros son extraordinariamente sensibles a la contaminación del agua, y sus poblaciones pueden verse mermadas o extintas localmente en el caso de muchas especies por la exposición a determinados agentes químicos.  Por el contrario, dípteros, quironómidos y anélidos acuáticos son mucho más tolerantes a los cambios de calidad del agua.

Pequeñas concentraciones de contaminantes pueden reducir de forma notable la biomasa animal de macroinvertebrados en un río y con ella la capacidad de carga de salmónidos que puede soportar.

Desde que nacen, los pequeños salmones son competidores natos, cuanto más agresivos más capacidad para conseguir recursos tróficos, engordar y para afrontar la migración marina. Ríos con comunidades débiles y dañadas de macroinvertebrados no son capaces de generar elevadas densidades de juveniles.

En pocos años hemos pasado de un mundo rural de fosas sépticas y jabón orgánico, a otro de colectores, lavadoras, productos de limpieza, y fármacos de todo tipo expulsados por los retretes. Ese cambio ha supuesto el declive de buena parte de nuestros sistemas acuáticos mucho más allá de los peces.

La política agraria común que ha traído además un cambio de los usos tradicionales de campo y un aumento de la productividad basado en parte en el uso creciente de fertilizantes, plaguicidas o insecticidas y por supuesto el regadío.

Gran parte de los ríos castellanos de llanura como el Cea o el Carrión tienen importantes problemas con sus cargas de nitratos y otros contaminantes agrarios. La lluvia y la escorrentía devuelven al río toneladas de contaminantes químicos procedentes de campos de cultivo.

Si a esto le sumamos los cada vez más acusados estiajes y las extracciones de agua…obtenemos como resultado mayores concentraciones de contaminantes en periodos claves del año para los alevines de salmón, trucha o reo.

Creo que todos guardamos en nuestra memoria la sensación de que antes había muchos más sapos y ranas en nuestros pueblos, se veían con más facilidad a los desmanes, las culebras de agua y las eclosiones de insectos acuáticos eran más abundantes y espectaculares…todo forma parte de un mismo proceso, de un mismo problema.

Ríos como el Deva por debajo de Potes, Eo, el Esva o el Aller, se quedan hoy día casi sin peces en pocos años sin una causa clara, cuando antaño albergaron una riqueza piscícola memorable, hay mucho más que predación en este proceso.

Puede parecer razonable ante esta tesitura reducir cupos o limitar artes, pero estas solo son medidas paliativas que no van a cambiar el final de la historia. No vamos a conseguir que el recurso aumente de forma significativa porque la degradación del hábitat donde vive va a impedir dicha recuperación.

La parte positiva y esperanzadora es que estos procesos son controlables, podemos actuar y trabajar sobre ellos. Cada vertido que se localice y se logre evitar, cada extracción de agua ilegal que se encuentre, cada ciclo de saneamiento que seamos capaces de mejorar… realmente se puede conseguir una reversión de la degradación de nuestros ecosistemas acuáticos.

En otras latitudes, las asociaciones de pescadores juegan un papel esencial en esta batalla, junto con el sector privado, las administraciones y las propias Universidades. Todos de forma coordinada están gestionando millones de euros en fondos LIFE para la recuperación del salmón y su hábitat en toda Europa.

Con ese dinero se están pagando fosas sépticas, mejorando el hábitat de cría del salmón, permeabilizando el río, reforestando las riberas o aumentando la eficiencia de los procesos de depuración y saneamiento de aguas.

Imagino que aquí estamos muy lejos aún de ese punto, por el momento nos sentimos mucho más cómodos en un escenario de confrontación perpetua, pero la realidad es que el destino de nuestros salmones no va a cambiar porque pongamos al final de nuestra línea una quisquilla de Narón o una maría peluda, hay batallas mucho más importantes de las que ocuparse.